domingo, 13 de noviembre de 2011
Susurramelo al oido
A la mañana siguiente se despertaron al tiempo, sin ninguna palabra que decir, sin ninguna explicación que pronunciar. Flotaba en el ambiente una sensación de caos, de tristeza y dolor.
Ana quiso preguntarle tantas cosas, quiso gritarle, pegarle, llorar, preguntarle el porque de todo eso, porque le hacia todo aquello, que había hecho ella para merecer todo eso, pero no se atrevió a pronunciar palabra, ni a derramar ninguna lágrima, ni a mover ningún músculo de su cuerpo "¿Para que excavar en el dolor fresco de hacia apenas unas horas?" Pensó ella en sus adentros, solo quería que todo terminara ya, que no volviera a pasar, que volvieran a ser los de antes.
Raúl no sabia que decir, ni como explicar nada, estaba confuso y optó por no decir nada, caminó hacia ella y le besó la frente.
Ana era todo lo que tenia en ese momento era su tesoro, pero siempre le hacia daño, siempre la heria y no la estaba haciendo feliz y él lo sabia muy bien.
Fue a la cocina, preparo el café y pan tostado con philadelphia lo que más le gustaba a Ana para desayunar. Cuando supo que ese era su desayuno favorito pensó en lo sencillo que era hacerla feliz, pero ahora llegados al punto en el que estaban supo lo muy equivocado que llego ha estar.
Ana tardo un poco en llegar a la cocina, y tomo un poco de su taza de café y no toco el pan ni el queso de untar, no le apetecía, no quería, apesar de que el día anterior no había comido nada.
Ana se quedo quieta un momento, sin saber que decir, era fin de semana y no tenia que trabajar hasta la noche, pero no estaba segura de querer pasar el día en ese piso, con Raúl.
Raúl se levanto de la mesa y la cogió suavemente de los brazos y la besó, la abrazó, le acaricio el pelo muy despacio y probó su piel, era como un consuelo para ese espacio de silencio en el que cualquier palabra habría molido mas los trozos de cristal de sus corazones.
él la amaba y sabia que de alguna manera era suya y solos suya. La tomo con dulzura, con amor, le dio calor a su frágil cuerpo y la amó una vez más.
Sonó el teléfono y Ana lo cogió rápidamente, era su padre, quería saber que tal estaba su hija única, "es una llamada por compromiso" pensó Ana con la mente aun somnolienta, su padre casi nunca la llamaba, solía olvidar que ella existía, y su madre viajaba por el mundo en busca de un nuevo amor. Ana odiaba esas llamadas, pero tenia que fingir, guardar las apariencias, mostrar el agrado no sentido, todo solo por compromiso, ya que ellos fueron quienes le regalaron el piso en el que ahora vivía con Raúl y pagaban sus estudios, quizás como consuelo de una atención nunca prestada. Sin embargo aquella llamada, sin sentido, solo por apariencias, le hizo sentirse menos sola, menos triste.
Raúl, había vuelto a salir sin decir nada, cuando ella se despertó el ya se había marchado, las cosas parecían ir bien y eso la tranquilizaba. Miro su mobil y vio que tenia dos llamadas de Marta, la que "era" su mejor amiga, quien no estaba de acuerdo con esa relación, a la que Ana no llamaba desde hace mucho, a veces pensaba en los viejos tiempo, en las fiestas juntas, en los días de helado y de lágrimas, de llamadas confesorias, de su complicidad ya olvidada. Su amistad se fue apagando como las velas de una tarta de cumpleaños. No encontró el valor suficiente para llamarla, ella sabría leer el tono de su voz y lo sabía todo, lo leería como en un libro abierto, y en ese momento no tenia ganas de remover mas en su dolor.
Empezó a vestirse para ir a trabajar. El bar de Luis era un lugar divertido, era un bar Heavy, siempre con algo nuevo, siempre con gente nueva, siempre con buena música y buen servicio, aparte de que se dividía en bar y tienda de tattoos y piercings, era algo novedoso y muy famoso. Le gustaba ese trabajo por que podía compaginarlo con sus estudios en la universidad aparte de el ambiente que era tan suyo. Se maquillo y salio lista para una larga noche sirviendo cubatas y tapas, la idea no le animaba demasiado, pero era mejor que estar en su casa, donde la soledad la devoraba lentamente.
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