lunes, 6 de septiembre de 2010

Susurramelo al oido...


El llego en la moto negra, negra como el petróleo puro. A pesar de la tenacidad que desprendía el artefacto, Ana la encontró hermosa, le daba la sensación de libertad y aventuras que tanto añoraba.
Estaba puntual, ni un minuto mas ni un minuto menos, como si hubiera estado esperando en algún lugar a que llegara la hora de presentarse ante la puerta, con su moto negra y su chupa de cuero a juego.
Ana subió después de haberse saludado con dos besos, sin preguntar el destino, ni esa inexplicable sensación de seguridad que le producía el. Le agarro fuerte de a cintura mientras el aceleraba, ella sintió libertad, miedo, el vértigo en estado puro, era como ir directamente al infierno.
Sintió un ruido e inmediatamente abrió los ojos, asustada, exaltada, en ese momento hasta sus propios latidos le asustaron. "mierda, me he quedado dormida" pensó.
Se levanto a comprovar si alguien había llegado o justificar aquel ruido que tanto la había exaltado. Se levanto del sofá y apago la tele, camino por el pasillo hacia la habitación y apenas a unos pasos de la puerta logro oír mas ruidos que provenían del dormitorio y se quedo petrificada delante de esa puerta, con el corazón latiendole fuerte, se armo de valor, entro y logro ver a Raúl, pálido, desvalido, enfermo tirado en la cama, con el mundo dándole vueltas a cada segundo.
No era el mejor momento para hablar con el, seguramente se habría vuelto a drogar.
Pero a pesar de que se sentía decepcionada y triste, sentía algo cálido que se expandía en su interior, se llamaba tranquilidad, tranquilidad por el, porque de nuevo estuviera en casa, en la protección de su amor, se acostó a su lado y se sintió de nuevo segura, viva y tranquila, por fin pudo dormir aunque fuera solo un sueño liviano y corto porque en cuanto abriera los ojos el infierno volvería a comenzar de nuevo...